

No se puede vivir sin amar.
Dirigida por John Huston
México, 1938. Celebración del día de Difuntos. Con su país al borde de la guerra con Alemania, el cónsul británico en México, Geoffrey Firmin (Albert Finney), corta todo contacto con sus familiares y se sumerge en un proceso de autodestrucción mezclando el alcohol con los recuerdos.
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